Riego: Alto y milimétricamente regular. La Afelandra es famosa por su dramatismo. El sustrato debe mantenerse perpetuamente húmedo, pero jamás encharcado. Si permites que la tierra se seque por completo, la planta colapsará y dejará caer sus hojas inferiores de forma irreversible en cuestión de horas. Durante la temporada seca, requiere una altísima humedad ambiental; de lo contrario, las puntas de las hojas se volverán marrones y crujientes.
Fertilización: Para sostener su denso follaje y lanzar la masiva espiga amarilla, agota rápidamente los nutrientes. Aplica un fertilizante líquido equilibrado con micronutrientes diluido a la mitad, pero de forma constante (cada 15 días) durante la primavera y el verano.











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