Riego: Exigente y constante. Las azaleas tienen raíces muy finas y superficiales que jamás deben secarse por completo. Mantén el sustrato constantemente húmedo, pero evita el encharcamiento prolongado. Secreto de riego: Son muy sensibles a la cal y al cloro; si el agua de tu grifo es muy dura, riega con agua de lluvia.
Fertilización: Para asegurar una floración espectacular año tras año y evitar que las hojas se vuelvan amarillas con venas verdes (clorosis férrica), aplica un fertilizante especial para plantas acidófilas y complementa con Quelatos de Hierro una vez al mes desde la primavera hasta el final del verano.








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