Riego: Moderado y equilibrado. Le gusta que su sustrato se mantenga ligeramente húmedo, pero jamás empapado. Riega a fondo cuando la capa superior de la tierra (los primeros 3 a 5 centímetros) se sienta seca. En invierno, reduce significativamente los riegos.
Fertilización: Al ser de crecimiento muy lento, es sumamente sensible a la “quemadura por fertilizante” si te excedes. Requiere muy pocos nutrientes. Aplica un fertilizante específico para palmeras (rico en magnesio, hierro y potasio) diluido a la mitad de la dosis recomendada, únicamente una o dos veces durante la primavera y el verano.










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