Riego: Requiere un equilibrio constante. Le gusta que su tierra esté ligeramente húmeda en todo momento, pero nunca encharcada. Riega en cuanto los dos primeros centímetros de la superficie se sientan secos.
Fertilizantes: Es muy sensible a los minerales pesados, el cloro y el flúor del agua del grifo; riégala preferentemente con agua purificada, de lluvia o garrafón









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